El señor Betsom estaba en su casa cuando se percató de un ruido. Un malhechor entró dispuesto a robar las joyas de la familia. El señor Betsom en cuanto se dio cuenta de que era una persona, intentó ahuyentarlo de todas las formas posibles, hasta que el ladrón escapó. El señor Betsom dispuesto a recuperar las joyas, cogió su vehículo y lo persiguió por toda la ciudad. Al final cuando perdía la esperanza de encontrar las piedras preciosas, exclamó ¡Ahí está! Pisó a fondo el pedal y lo persiguió hasta acorralarlo. El malhechor susurró una maldición y pensó -¿por qué no tendré un cohete para poder volar y huir?. El señor Betsom lleno de alegría exclamó -¡Ahora llamaré a la policía!.
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